Bye Bye AI
Automatización, velocidad y la verdadera redacción
En una época donde todo es automatizado, a las personas se les olvidó escribir.
Entre 2023 y hoy, el uso de inteligencia artificial para copywriting creció de forma exponencial. Según HubSpot State of Marketing Report 2024, más del 64% de los equipos de marketing ya utilizan AI para redactar copies, captions y textos publicitarios. Un estudio de Salesforce Generative AI Snapshot 2023 confirma que la creación de contenido es el uso número uno de AI en marketing, superando incluso el análisis de datos. Para 2025, Gartner proyecta que más del 30% del contenido de marca publicado en redes sociales será generado o co-redactado con inteligencia artificial.
Entonces, la velocidad aumentó y, consecuentemente, la cantidad también. La pregunta es, ¿ya nadie “quiere” o “sabe” redactar, realmente?
Como diseñadora y estratega de marketing, es inevitable leer el caption de una marca, un artículo o consumir la “creatividad” de un reel de Instagram donde se utiliza la palabra “criterio” como sintagma preposicional, o donde aparecen em dashes usados sin siquiera entender su función, sin asumir inmediatamente que la persona está utilizando inteligencia artificial para redactar. En ese momento, mi interés por conocer el producto desaparece y cierro el ad.
Sigo en busca de marcas donde la redacción se sienta real. No donde sienta un cristal que divide, pero refleja la diferencia entre la inteligencia humana y la inteligencia artificial. Y se siente que siempre estuvo ahí.
Pero, si nosotros los creativos ya identificamos estos patrones, ¿cuándo lo van a identificar los consumidores?
Según el Edelman Trust Barometer 2024, el 63% de los consumidores afirma que puede identificar fácilmente cuándo una marca se comunica de forma genérica o artificial, y esa percepción reduce la confianza incluso antes de evaluar el producto. No es rechazo a la tecnología. Es rechazo a la falta de intención.
Y aquí está el problema real: la inteligencia artificial no se comunica como las personas. Puede redactar, sí. Pero no tiene ingenuidad. No tiene esa chispa que se reconoce desde la primera línea. Esa sensación inmediata de que alguien pensó lo que escribió antes de publicarlo.
Y ojo, tampoco es que yo tenga hoy ocho horas de trabajo al día para sentarme a escribir nueve captions de Instagram y desarrollar toda la creatividad de los artes. Eso tampoco es real en diciembre de 2025.
La inteligencia artificial es una herramienta de optimización de la que ya no hay vuelta atrás. Y como tal, soy completamente pro su uso. De hecho, bien utilizada, libera tiempo, ordena procesos y permite enfocarse en decisiones más importantes.
El quiebre aparece cuando la redacción deja de sentirse humana y todas las marcas se leen y sienten igual, porque a un software no le interesa la diferenciación entre marcas.
El problema no es usar AI para escribir, sino dejar de pensar mientras se escribe. No se trata de volver atrás, ni de romantizar procesos lentos. Se trata de recordar que una marca se construye también en cómo suena, en cómo piensa en voz alta, en cómo se equivoca un poco mientras intenta decir algo real.
